Señor editor, estimado compañero: usted me encargó que les contara a los lectores de Garra los aspectos tácticos del partido que atrae más a los uruguayos.

Entendí su deseo. Supe de inmediato que otro cronista haría la nota principal y que yo me enfocaría en los aspectos de sistemas que fueran presentados y los aspectos tácticos –de funcionamiento– de esos colectivos. Es decir, cómo defenderían, cómo atacarían y, como dice el Maestro, cómo pasarían de la defensa al ataque y, a la inversa, cómo pasarían del ataque a la defensa.

Me resultó difícil cumplir con el mandado. Trataré de explicarle.

Antes de ir al estadio, anoté cómo alinearían ambos equipos y tuve 22 aciertos. Se lo digo con toda modestia –no era tan difícil–, pero ese dato se transformó en el tema principal que trataron nuestros colegas en toda la fase previa, en la semana y hasta en los minutos previos a su difusión. Se ve que entré bien en el cerebro de Alexander Medina –algo que no es fácil, en la medida en que él ha convertido en un principio el ocultamiento previo de los jugadores que elegirá– y acerté –reitero– que en Nacional jugarían el botija Brian Ocampo y el muy querido Papelito Sebastián Fernández y, por lo tanto, no lo harían Matías Zunino, Leandro Barcia ni Tabaré Viudez. Con respecto a este último, lo lamenté por el espectáculo: a pesar de sus irregularidades, el jugador formado en Defensor Sporting podría haber dado mucha movilidad y creado confusiones aprovechables en la defensa rival.

Lo de Peñarol era más fácil, y no incluí en mis previsiones a Lucas Viatri ni a Fabián Estoyanoff de entrada. Tengo que ser sincero: no tenía certeza de qué pasaría con Walter Gargano, que al final jugó unos 15 minutos y dio buenos pases –lo hace muy bien– y pegó dos latazos interesantes. De la existencia del argentino Maxi Rodríguez ya casi ni nos acordamos y, aunque estuvo en el banco, es previsible que la futura entrada como titular del sanducero y el pasaje a posiciones más adelantadas del Cebolla Cristian Rodríguez le quitarán al ex selección argentina, aun más, las ocasiones de vestir la casaca aurinegra.

Anatomía

Los sistemas utilizados fueron muy similares pero no iguales. La entrada al equipo de Fernández presuponía un sistema 4-2-3-1 en el que integraría la línea de enlaces junto a Ocampo y al Chori Gonzalo Castro. Los tres estarían delante de la dupla conformada por Christian Oliva y Santiago Romero, y detrás, pero muy cerca, de Gonzalo Bergessio.

Como verá, cuando se mencionan sistemas hay por lo menos cuatro funciones bastante delimitadas: defensas; volantes o mediocampistas de contención; enlaces o enganches (centrales o laterales); y atacantes. Cuando escucho que Jonathan Urretaviscaya o Giorgian de Arrascaeta “jugarán de volantes”, hay algo que me hace mucho ruido: difícilmente hagan esa tarea. Pero dejemos esta disquisición, aunque estaría bueno seguirla en otra ocasión.

Volvamos al clásico. Peñarol jugó con un 4-2-2-2, o sea, con cuatro defensas, dos volantes (Guzmán Pereira y el Cebolla), dos enlaces externos (Giovanni González y Agustín Canobbio) y dos atacantes (el Toro Gabriel Fernández y el botija Darwin Núñez).

Fisiología

Hasta aquí vimos la anatomía de los equipos. En la práctica, cuando la pelota se mueve y los jugadores lo hacen según dónde esté ella, empezamos a ver la fisiología: los órganos funcionando. Y ahí es donde aparece lo real: cómo ataca y cómo defiende cada equipo, qué movimientos hay y si están bien hechos o no, etcétera.

Fue entonces, compañero editor, que se me complicó el asunto. El sábado todo se entreveró demasiado, no hubo tendencias claras de posesión de la pelota ni formas de atacar ensayadas y efectivas. En consecuencia, el partido careció de lo esencial, la creación de posibilidades de gol. Las hubo muy espaciadas. Muy poquitas. En los dos períodos. Eso lleva a calificar con baja nota el nivel técnico-táctico del encuentro que, por lo contrario, tuvo un alto contenido emotivo porque se jugó a dar todo, con el corazón, como lo previó gráficamente la diaria el fin de semana. Hubo emoción, a pesar de la falta de acciones contundentes frente a los arcos. En ese aspecto cabe resaltar que los dos goles fueron relámpagos de calidad muy destacables. Pero fueron jugadas de dos: de excelentes asistencias y goles de precisa culminación. Uno por abajo, el de Sebastián Fernández con gran pase de Bergessio; el otro mediante el juego de altura, el de la habilitación larga de Gabriel Fernández y el perfecto cabezazo de Viatri.

Estimado, ya llegará otra oportunidad para analizar eso de la fisiología. Pero que no sea en un clásico uruguayo. En ese caso, casi siempre, uno va a sentir, no a entender.

Lo que les queda a Nacional y Peñarol

Por Fermín Méndez
Pasó el clásico. Había mucho en juego y ambos equipos lo buscaron. Como en muchas de las oportunidades en que son dos quienes buscan un objetivo, el resultado se neutraliza. Eso fue lo que sucedió. El 1-1 entre Nacional y Peñarol dejó todo igual, salvo que se quemó una nueva fecha y ahora los márgenes para el futuro son otros. El futuro, se sabe, es ser campeón.
Si la proyección hacia adelante se hace pensando en el Torneo Clausura, hay que decir que Peñarol está a un triunfo de coronarse. Si bien su idea mayor para el sábado era ganar, salir campeón de la segunda parte del año y quedar primero en la Tabla Anual, un asunto medular para definir el torneo grande, también era clave no perder su margen a favor. Visto lo visto, con un reloj que parecía ir muy rápido, sumado al resultado adverso, el gol de Lucas Viatri cobró particular relevancia.
De fácil no tiene nada. En el horizonte aurinegro están Progreso, en la fecha que viene, y Defensor Sporting, en la última. No es noticia que son dos equipos que han tenido buen año, el violeta metiéndose arriba como de costumbre y los gauchos con una buena participación tras ascender el año pasado. Lo definitivo para Peñarol es tener las matemáticas de su lado: si gana el fin de semana, será campeón.
Nacional hace rato que se sabe jugando finales del Uruguayo. Es el privilegio de haber sido el mejor del Apertura. Pero el bolso deseaba los tres puntos clásicos para adelantar a Peñarol en el Clausura y, con las dos fechas que le quedan por delante, aspirar a ganar todo, sin necesidad de definición. Estuvo cerca, porque fue adelante 1-0 tras el gol de Sebastián Fernández, porque estando arriba desperdició dos contragolpes y porque no supo sostener atrás lo que mostraba o adelante.
El margen de los tricolores en la Anual es el que ya tenía: un punto a favor. A diferencia de la tabla del Clausura, una fecha alcanza para dar vuelta la situación. No será nada fácil: los dirigidos por Alexander Medina visitarán a un necesitadísimo Atenas –seguramente en el Campus de Maldonado– y en la última fecha recibirán a Danubio en el Gran Parque Central.