Sentido de pertenencia

Entrevista con Sebastián Loco Abreu.

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Washington Sebastián Abreu, otrora el _Negro_ Abreu, para siempre el _Loco_. Dueño de una de las delicadezas inolvidables del fútbol mundial. Cuando ceba, agarra todos los escudos grabados en el mate del sinfín de equipos que vistió. Mira hacia adelante y todavía hay colores para sudar su piel de gol. La parrilla está prendida y un montón de platos se deslizan sobre la mesa. Desde adentro, el g...
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Washington Sebastián Abreu, otrora el Negro Abreu, para siempre el Loco. Dueño de una de las delicadezas inolvidables del fútbol mundial. Cuando ceba, agarra todos los escudos grabados en el mate del sinfín de equipos que vistió. Mira hacia adelante y todavía hay colores para sudar su piel de gol. La parrilla está prendida y un montón de platos se deslizan sobre la mesa. Desde adentro, el griterío de la gurisada. Mira hacia atrás y los capítulos son jugadas, el parlamento son charlas de vestuarios que lo curtieron. Cuestiona la demagogia y se para en el lugar del que aprende. Entiende la alegría como un medio y no olvida que en su infancia había goteras como en los vestuarios de la B. Es imposible no recordar, a días del Mundial de Rusia, al arquero de Ghana desplomarse hacia el olvido mientras la pelota pinchada por un botín enloquecido se colaba para siempre en el trampero. Garra habló con el autor de esa pintura, un Loco de Minas y del mundo entero. Habla el futbolista.

Futbolista y futbolero

“La experiencia de vida como jugador es como un caparazón para asimilar ciertos golpes. Ir a un Mundial es recibirte de futbolista, es la meca, tocar el cielo con las manos. No hay otro anhelo. Sobre todo pensando en [Federico] Valverde y ese mensaje que mandó a las redes sociales, demostrando personalidad y sentido de pertenencia, sentido corporativo. El mensaje fue colectivo, no fue un mensaje individual. Un tipo de 19 años al que se le está yendo el sueño y que tenga esa mentalidad grupal... primero te enorgullece pensar en el futuro que tenemos. Hay una angustia, un sentimiento de tristeza, sin duda; no es rencor ni impotencia. Con la familia buscará el trampolín para cumplir el sueño dentro de cuatro años, pero es buenísimo que lo haya asimilado de esa manera. Para el Maestro [Tabárez] debe ser una satisfacción, como un sentimiento de padre, cuando ves que tus hijos reaccionan de determinada manera, que tienen los pies sobre la tierra.

Yo soy futbolista y futbolero a morir. Todo lo que tiene que ver con fútbol, estoy metido. En otros aspectos me cuesta más. Con Más Unidos Que Nunca estoy a muerte. [Diego] Godín y [Diego] Lugano, por ejemplo, tenían la virtud de agarrar una libreta, una birome y empezar a pensar en temas legales, temas que iban más allá. Yo estaba pensando en la defensa del equipo que tenía que enfrentar. Acompaño, voy a cualquier lado. Todo eso genera respeto, y las generaciones que vienen agarran eso. Sobre todo porque los involucrás en el camino, en el proceso. Esa semilla ya tuvo su crecimiento, el árbol va firme, va a seguir creciendo y va a quedar estable. Ese es el legado, los legados no son títulos. No son lo que ganás, sino lo que cosechás. Que con la selección se identifique el verdulero, el policía, el político, el doctor, el abogado. Hoy en Uruguay decimos ‘ganamos’ o ‘perdimos’; antes era ‘ganaron’ o ‘perdieron’”.

Prestar los zapatos

“Vos podés llegar a lugares con mucha infraestructura, con todas las comodidades. Y a otros con carencias de todo tipo, de alimentación, de descanso, de sueldos, de infraestructura. Y encima, cuando llega el fin de semana esa camiseta que te ponés es la mejor del mundo y ese partido es el último. Porque la exigencia siempre es la misma, en Nacional o Peñarol, en Boca o en River Plate y en Central Español. Los hinchas te exigen como si tuvieras el mejor complejo, como si estuvieras cobrando al día. Siempre hay que ganar. Ahí es donde juega la psicología; no es una cuestión de pegarle bien a la pelota, es una cuestión de sentarse a hablar un rato con el compañero. Están maltratados con lo que les está tocando vivir. Hay que buscar de dónde sacar para que la autoestima de ellos crezca. Cuando llegué al vestuario de Central les daba vergüenza que yo tuviera que cambiarme ahí, decían: ‘El Loco va a venir acá y se va a ir a los dos días’. El vestuario de Central es esto, un poquito más chico [mide según la barbacoa de su casa], con una gotera que tiene más de 30 años. Los primeros se bañan con agua caliente y los últimos con agua fría. Si llovía la cancha era barro, había que dibujarla al lado para no perder el día. Atrasos en los sueldos, sueldos bajos, familias con esa problemática. El mismo técnico hacía los estribos en los tobillos. Yo no podía venir con mi psicología de dientes apretados, porque ellos ya tenían los dientes apretados. No hay que buscar el hambre porque el hambre está. Tenés que buscar un sentido. Si ganábamos hacíamos asado todos los martes en la sede. La banda empezó a ganar con la convivencia. Entendieron que yo era de carne y hueso, que tengo los mismos gustos y que tuve los mismos sueños. Empezamos a nutrirnos entre nosotros. Yo no cobraba un peso y me movía por publicidades y cosas que iban sumando. Fui parte del grupo, parte de la banda. Me terminaron regalando ese cuadro el último día, con lo que dice, me lo entregó todo el grupo, ese es mi premio. Las diferencias se igualan desde lo humano. No todos los grupos humanos salen campeones. Fue un viaje al pasado para mí. Volver a los inicios, cuidar la ropa, prestar los zapatos. Lamentablemente, en 2017 viví las mismas cosas que en los 90. Pero siempre buscando lo positivo, buscando cuál es el camino del liderazgo. Fue un aprendizaje para mí. Me tuve que acostumbrar a mi propio país, y a una realidad distinta a los clubes en los que había estado. Tanto Defensor Sporting como Nacional son clubes ejemplos en profesionalismo. Este era un equipo profesional con condiciones de amateur y con las exigencias de tener que ganar, porque es un club con un nombre y una historia. El único club que estaba en condiciones profesionales, el Torque, robó, se despegó y ascendió siete fechas antes. Nosotros teníamos lo justo y necesario. El primero que tuvo que hacer un trabajo psicológico fui yo, y laburar desde la alegría. Comparaba las goteras con las de mi casa cuando era chico, porque todos se quedan con el Loco Abreu de ahora, pero yo también tuve una infancia difícil, era el Negro Abreu cuando empecé. No todo lo que brilla es oro. Así se fue armando, en conversaciones de mate, de ómnibus a veces sin baño, teníamos que ir a jugar a la cancha de Pan de Azúcar y entre chiste va y chiste viene hablábamos de cosas serias. Me tuve que adaptar a los léxicos de ahora, metiendo bocados como se habla ahora para que se entienda, para reírnos. Ellos habrán aprendido mucho o poco, pero para mí fue terrible experiencia, tremendo aprendizaje, sobre todo pensando en el día de mañana como entrenador”.

Cédula de identidad

“En Uruguay podemos salir de la adversidad y soñamos con un lugar mejor, sabés que sos un país exportador de jugadores. Mentalmente son más débiles porque no tienen proyección. Los uruguayos andan por todos lados, en los países más remotos hay uruguayos.

Sobre todo, en esos lugares que no tienen tanta cercanía con Uruguay creen que el fútbol uruguayo es como la selección. Conocen a [Luis] Suárez, [Edinson] Cavani, [Diego] Forlán, a mí, que con la mentira del penal me meto en todos lados. Es mi cédula de presentación. A donde llego soy el del penal. Tienen conocimiento de Uruguay por la selección, pero la selección es una isla del fútbol uruguayo, lamentablemente. Yo cuento las dificultades que se viven acá. Desde la distribución de los equipos: 90% está en Montevideo, donde hay un millón de habitantes que se dividen en dos equipos y otros 300.000 para otros 14 equipos. Lo más grandes se llevan el dinero porque son los que venden, los otros agarran poco, el esponsoreo y el marketing lo mismo, la televisión. Hay muchas cosas que llevan a que estemos entre las tres peores ligas de Sud América. No lo digo por demagogo ni nada, sólo para contar la realidad y contrastarla con la historia que nos hace sentir orgullosos. Los jugadores de acá la reman. Hoy en día, por todo lo que ha pasado, sabemos respetar los derechos, sabemos lo que firmamos. Si los contratos no se cumplen no se arranca, todas esas cosas son puntos a favor. Hemos podido erradicar cosas que sucedían acá. Allá recién se está empezando a concientizar de que, por ejemplo, refinanciar deudas no va para ningún lado. Te tiran las deudas para adelante y andá a saber cuándo cobrás. De afuera se ve lo macro, lo que pasa en la copas con Nacional y Peñarol; ahora también se enteran cuando hay paros y esas cosas. Yo soy orgulloso de ser uruguayo y no quiero engrupir a nadie, entonces tengo que contar todas las cosas que pasan. Ojalá ahora y entre todos consigamos lo que nos compete, elevar al nivel, mejorar, crecer. Que sea fútbol realmente uruguayo, que sean menos clubes los que estén, que sean 12, seis de capital y seis del interior, con el respaldo real como equipo del interior. Y que los equipos que estén abajo sean solventes también para cuando suban. Y también mitad y mitad, el interior y la capital”.

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