No sé si ustedes ubican al viejo Casale, el de Fontanarrosa, el del cuento “19 de abril de 1971”. Por si no lo saben, les cuento que el viejo Casale reventó como un sapo con la victoria de su equipo. Y fue feliz, se fue feliz. El sábado, si yo no reventé fue porque... no sé por qué.

Así me agarró el final del partido: parado, hinchado, verde, gritando y por reventar, pero reventar de alegría al grito de “Uruguay nomá”, de “¡Uruguay, carajo!”.

Gritaba entre la gente, periodistas pero que son gente, como vos y como yo, y gritaban, se desgañitaban en un orgasmo de emoción. “La pequeña muerte” parece que le llaman los franceses, y creo que eso es lo que sentía, lo que sentíamos en el estadio de Sochi, allá en Minas de Corrales o en Toronto.

Es raro definir lo que engloba un “¡Uruguay nomá!”, que es lo que gritaba yo hasta casi desmayarme, lo que gritaba quien estaba a mi lado, lo que gritó el capitán Godín a la tribuna, lo que le gritó Luis Suárez a sus hijos Benjamín y Delfina, grito que gritaste el sábado y hasta hoy gritarías, porque también lo dijiste cuando salvaste el examen o hasta cuando ella o él te dio el sí.

De qué se trata ese “¡Uruguay nomá!” que aún sigo gritando mientras vos leés esto es muy difícil de definir. Es una sensación agradable, placentera, donde la tensión te lleva hasta los límites de lo insoportable. Al fin y al cabo uno no está analizando las prestaciones de un colectivo o de los dos, de un jugador, de 11 o de 22, sino el sincretismo futbolero patria, ese vínculo entre los futbolistas de ese lugar donde nací, nacimos o nos criamos. “¡Uruguay nomá!” nos mueve todo.

Fue una gran victoria, conseguida con un enorme esfuerzo en un partido duro, complicado por la enorme capacidad del campeón de Europa y su gran crac Cristiano Ronaldo.

Edinson Cavani festeja, en el partido Uruguay - Portugal, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.
Edinson Cavani festeja, en el partido Uruguay - Portugal, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.

Cuando se para el mundo, nuestro mundo

Empezó todo muy parejo, a plena concentración, aquella de la que nos había hablado Tabárez. Mucha atención y tensión sobre la presencia de Cristiano Ronaldo, que incluso se pudo acomodar para un remate de media distancia muy bien resuelto por Fernando Muslera.

Hasta que a los siete otra vez se paró el mundo. O los uruguayos, o yo, porque cuando me fijé el tiempo que iba de partido ya estaba parado agitando mis brazos y gritando.

La pelota la tenían ellos, pero en tres cuartos la recuperó el Lolo Rodrigo Bentancur –¡qué jugador!–. Hizo un girito de esos que te dejan helado y la jugó bien a la altura de la mediacancha para Nández. Nahitan habilitó a Cavani, este metió un pase-cambio de frente profundo y en diagonal para Luis Suárez. El Gordo se acomodó para la zurda, como si aquella fuese su pierna hábil de toda la vida, como si fuese el Cascarilla Morales, pero enganchó para la derecha y mandó un centro al segundo palo maravillosamente cabeceado por Cavani para abrir el marcador.

¡Divino todo! Me hizo acordar al primer gol contra Inglaterra en San Pablo, en el Mundial pasado, con los mismos jugadores pero con los roles invertidos. ¡Qué jugador el Edin, por favor! Es un portento físico, es crac, solidario, metedor. ¡Tardamos tanto en reconocerlo!

Tras aquella emoción nos sacudimos, pero después hubo un momento de dominio de campo y pelota portugués. Como contrapartida, hubo una buena y extrema defensa de los uruguayos. Se pasó tensión y momentos en los cuales la amenaza parecía constante.

No obstante, Uruguay consiguió salir a través del dominio de Suárez, y una jugada de tiro libre de Luis casi se transforma en el segundo gol de los celestes.

Pepe, de Portugal, y Luis Suárez, de Uruguay, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.
Pepe, de Portugal, y Luis Suárez, de Uruguay, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.

Las telarañas de Uruguay con Cavani incluido en la línea de la media cancha defensiva fueron durmiendo el talento de los portugueses, quienes a pesar de la capacidad de sus jugadores, en especial de Cristiano Ronaldo, no lograban llegar al área.

En la media hora llegó una dudosa falta sobre Gonzalo Guedes, tiro libre de ideal ejecución para Cristiano Ronaldo. Nada pasó, a pesar de la enorme parafernalia del lusitano.

El primer tiempo fue eso y poco más porque, como casi siempre, fue muy eficiente la marca uruguaya, con un colectivo solidario al extremo que posibilitó que el control sobre Cristiano Ronaldo resultara espectacular.

Azul celeste

Finalizada la primera parte, ya no había celestes en el campo. Había un equipo todo de blanco que se fue rápidamente al vestuario a resolver sus frustraciones, y otro de azul esfuerzo, azul desgaste, azul concentración, azul solidaridad, azul celeste. Esos eran los uruguayos, los celestes que una vez más habían conseguido demostrar que para este deporte la técnica, la destreza y las habilidades singulares son muy pero muy importantes, pero no hay nada, nunca, que pueda sustituir la cohesión, el espíritu colectivo y de equipo, el esfuerzo y la concentración que grupos como este, armado en años de trabajo, escalón por escalón, sentando una base sólida para seguir yendo hacia arriba en la competencia específica. Otra vez las hormiguitas de Tabárez haciendo su trabajo de obreras para que la reina sea la solidaridad, el equipo.

Haciendo la planchada entre todos

Seguramente los ajustes y sugerencias de vestuario apuntaban a tratar de jugar un poco más lejos de Muslera para permitirse un mayor margen de error al tratar de neutralizar a los portugueses con pelota al pie. Y eso sucedió, porque por un rato la pelota se puso en juego en la mediacancha o más cerca del arco de Rui Patrício.

Por diez minutos fue así, pero a la salida de un córner, Cristiano Ronaldo se llevó a Josema y a Godín juntos, y Pepe, solo en el aire, venció a Muslera y marcó el empate. Fue el primer gol que Uruguay recibió en todo el campeonato. No fue nada que uno creyera que no podía suceder, dadas las bondades de los portugueses en el juego aéreo.

Luego de eso hubo unos minutos de incertidumbre, pero otra vez el empuje, el tesón, la confianza, el esfuerzo y la seguridad dieron una respuesta certera a aquel momento.

Rodrigo Bentancur volvió a robar una pelota decisiva en la mitad de la cancha y accionó la electrizante conexión salteña entre Suárez, con engaño, y Cavani, a quien la asistencia le llegó otra vez del neohelvético Bentancur y Edinson, abriendo su empeine derecho para que la pelota pudiese viajar en curva, anidó la Telstar contra las redes. De inmediato, aunque el cambio ya estaba ordenado antes, Cebolla Cristian Rodríguez ingresó por Bentancur.

A los 25, cuando una vez más Cavani hacía de jugador de toda la cancha, se lesionó en su intento de defensa y debió ser sustituido por el talense Cristian Stuani, que como en sus primeros tiempos en la selección, tomó el papel de Cavani.

Hinchas celestes, durante el partido Uruguay - Portugal, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.
Hinchas celestes, durante el partido Uruguay - Portugal, el sábado, en el estadio Olímpico Fisht, en Sochi, Rusia.

Como era lógico pensar, a Uruguay le costó aguantar el chaparrón, pero con las ayudas de siempre, con la capacidad para armar y sostener una muralla defensiva, el equipo mantuvo su postura.

Una planchada de no sé cuántas bolsas, y dale que te dale. Planchada solidaria, de las de fin de semana, de las que terminan en asado, en nuestra fiesta. Y así, exhaustos, muertos de cansancio, de tensión y emoción, nos reímos, festejamos y seguimos.

“Uruguay nomá” es el grito que nos distingue, es nuestro pueblo, y es también don Alfredo Zitarrosa, que vaya a saber por qué razón me ha acompañado en todo mi periplo aquí en Rusia. Don Alfredo está en mi mente a cada paso y ahí ando tarareando con ustedes el “Adagio en mi país” y aquello de “Dice mi pueblo que puede leer en su mano de obrero el destino y que no hay adivino ni rey que le pueda marcar el camino que va a recorrer”.

Un puño y un canto vibrante, eso es “Uruguay nomá”.

La recuperación de Edinson Cavani se roba la atención

Edinson Cavani, Alberto Pan. Alberto Pan, Edinson Cavani. Así serán los días de Uruguay, con toda la expectativa centrada en la evolución de la lesión que tiene el goleador celeste. Maldito gemelo izquierdo. Entre reposo, hielo y antiinflamatorios las horas pasan. De momento, hay que esperar los resultados de una resonancia magnética que compruebe la gravedad de la lesión.

El grupo comandado por Óscar Washington Tabárez volvió al complejo Sports Centre Borsky, el mismo lugar de concentración donde estuvo Uruguay en la primera fase. Tal como dispuso el cuerpo técnico, por la mañana los jugadores harán ejercicios físicos –quienes fueron titulares ante Portugal lo harán de una forma, y los suplentes de ese partido de otra–, para luego en la tarde, mediodía uruguayo, dar una conferencia de prensa –en la que tal vez el doctor Pan de luz sobre la lesión muscular de Edin–.