Peñarol tiene fútbol femenino desde 2013 en las categorías sub 16 y sub 20. En 2015 Daniel Pérez, que venía de dirigir cuatro años a Cerro femenino, presentó a la institución su proyecto “Educar a entrenar”, junto con Eric Pocho Barindelli, que había dirigido a Nacional femenino, Graciela Narbona, que inicialmente fue la técnica de la sub 16, y Daniel Castro.

El primer año se dedicaron a formar el equipo. Se hizo un llamado abierto a aspirantes y empezaron un 18 de enero. En aquel inicio el club alquilaba una cancha en el cuartel de Blandengues para las prácticas, y además hicieron un acuerdo con la marca de indumentaria deportiva MGR para que las chicas contaran con equipos deportivos.

A los dos años del inicio, en 2017, ya habían ganado una copa: campeonas uruguayas. En 2018 también fueron campeonas, y este año van por el tri. En 2018, además, jugaron la Copa Libertadores. A pesar de que quedaron afuera cuando perdieron 4-0 con Audax Italiano, las aurinegras hicieron historia al ganarle a Unión Española de Ecuador, primera vez que triunfaban en una competición internacional.

“De los números que hay en Peñarol hemos sido partícipes en todo. Es un proyecto que se sostuvo con sólo educar en entrenar, en el que la exigencia es lo principal. Las jugadoras se fueron adaptando y los resultados están a la vista”, sostiene Pérez, quien además preparó otro proyecto debido a las nuevas necesidades. Algunas cosas pudieron cambiar, como el hecho de que ahora visten Puma, al igual que el masculino, a lo que costó llegar: “Algo que parece sencillo, como pedirle a la marca tanta cantidad de remeras y pantalones extras para las chicas, se vuelve dificultoso porque al fútbol femenino no se le da la importancia que debería”, explica Pérez.

Además de la indumentaria, Peñarol les habilitó el Complejo de Alto Rendimiento donde entrenan todas las divisionales del masculino. Las chicas deben esperar a que todos los varones entrenen para apoderarse del espacio a la noche; practican a las 21.00, y además parte de la infraestructura, como los baños, no está del todo preparada para las mujeres. También tienen a disposición un médico todos los días, el gimnasio, y reciben un viático para pagarse los boletos.

Amor por la camiseta

El cuerpo técnico está conformado por el profesor Álvaro Silvera, la profesora Florencia Silva, el técnico Daniel Pérez, los entrenadores de goleros Damián Pedrozo y Sofía Rivera, el médico Juan Pablo Correa y la fisioterapeuta Antonella Alcántara. Además, el club tiene una comisión para el femenino en la que Alejandra Mazurkiewicz es la directora. Excepto el médico, nadie percibe salarios en el cuerpo técnico; todos los demás tienen otros trabajos, aparte del que hacen en Peñarol.

Foto: Natalia Rovira.
Foto: Natalia Rovira.

Pérez explicó que trabaja de forma gratuita porque para él el fútbol femenino “es todo”. No fue jugador profesional, pero hizo toda su carrera como DT: dirigió nueve años fútbol infantil, y en 2012 empezó con las chicas. “Me enamoré del fútbol femenino y me quedé”, confiesa.

Para él la diferencia está en “la satisfacción que da el crecimiento individual de cada una, el crecimiento grupal y el de uno mismo como técnico. Sacando la diferencia de lo físico, la velocidad y la fuerza, porque en cuanto a fútbol es lo mismo, entra en juego lo psicosocial. Hay que estar preparado para emprender ese trabajo con ellas”, explica. Y agrega: “Mi éxito es porque desde el minuto cero trabajé con un psicólogo deportivo al lado, en Cerro, y acá tengo a un psicólogo social. Institucionalicé el trabajo del psicólogo dentro del fútbol femenino porque es fundamental”.

Bien alto

Este plantel de carboneras es parte de la historia del fútbol femenino uruguayo, no sólo por haber sido protagonista del primer clásico femenino disputado con público en un estadio utilizado por el fútbol masculino de Primera, sino porque además ganó, con lo que llegó a cinco triunfos clásicos, uno más que las tricolores –algo excepcional, siendo que las carboneras compiten hace seis años en femenino, mientras que las bolsilludas están hace 19 años–.

Haberlo jugado en el Parque Central fue un plus extra. “Tenemos que ganar ahí, en Rentistas o en cualquier cancha en que nos toque”, comentaron las jugadoras de cara al clásico. “Cuando nos hacen el gol de penal se siguió como si nada. Eso es por cómo tienen la cabeza ellas, por cómo se entrena, cómo se labura. No fue de casualidad, fue trabajado. Todavía no caímos, capaz que más adelante nos damos cuenta, pero ahora, como estamos en rodaje y seguimos en el mismo campeonato, tenemos que ganarle a Nacional de nuevo para salir campeonas”, finaliza el técnico.

Peñarol tiene un objetivo claro: lograr el tricampeonato. Pero Pérez cree que es hora de ir por más: “Cuando logramos salir campeonas dos años y mantener el bicampeonato, hablar de esfuerzo ya no va más. Ya dimos todo, ahora queda traer jugadoras, apoyo económico para costear algunas cosas que ahora no se costean, porque una vez que llegás es difícil mantenerte”.

Otra de las exigencias que presentó en el proyecto fue respetar las fases sensibles de las niñas y adolescentes: ninguna jugadora juega en una categoría que no le corresponda, a excepción de algunas sub 19 que “tienen un potencial superior” y entrenan con la primera, como Iara Romero y Alexia da Silva.

El plantel se define como profesional. “Decimos que lo somos porque ser profesionales es profesar una fe, y profesamos la fe del entrenamiento. Cuando las chicas comienzan a insertarse laboralmente, el fútbol queda en segundo plano. Entonces, contemplando esas cosas uno tiene que tomar medidas. Este plantel de Peñarol ha entendido el mensaje y se lo ha tomado como una responsabilidad”, finaliza.

Foto: Natalia Rovira.
Foto: Natalia Rovira.

Más calidad

Si bien Pérez cree que el fútbol femenino está creciendo cuantitativamente, cree que cualitativamente todavía no, sobre todo por las carencias de nuestro fútbol, en el que hay jugadoras de 16 años responsables de equipos en los que hay mujeres de 25 o 26 años.

Peñarol no es la excepción en cuanto a que las jugadoras que hicieron fútbol infantil son las que rinden más, porque tienen los fundamentos, aprendieron las fases sensibles en los entrenamientos, la coordinación y la fuerza.

Mientras Garra charlaba con Daniel, las mujeres de amarillo y negro entrenaban muy concentradas, sin el típico bullicio de los entrenamientos de jóvenes. Estaban disputando un partido de práctica contra las inferiores de Villa Española masculino y, sin necesitar indicaciones del cuerpo técnico, coordinaban las jugadas entre ellas. “Es parte de educar a entrenar ubicarlas en lo profesional. Ellas se encargan solas del entrenamiento”, explicó Pérez, quien cuando llegó a Peñarol con su proyecto se encontró con jugadoras de lugares distintos que lo único que tenían en común era que la mayoría era hincha del club. El trabajo en eso explica mucho del éxito de hoy. “Teníamos que lograr una conexión de grupo desde cero, porque todas venían con distintas experiencias. Es el fuerte de Peñarol, el grupo es impresionante, es muy fuerte. El secreto es esa cohesión”.