En el complejo Lavalleja, en la rambla de Punta Gorda, entrena tres veces a la semana el equipo de mujeres del Club Social y Deportivo Náutico. La infraestructura es espectacular: césped sintético, vestuarios completos y excelente iluminación en más de cinco canchas en todo el predio que se compone de un espacio en donde todas las categorías pueden entrenar.

El fútbol femenino forma parte de las actividades que ofrece a sus socias y socios el club fundado en 1930. Las jugadoras deben ser socias, ya sea pagando la cuota del club o teniendo una beca deportiva que permite el acceso a todas las actividades, lo que genera que cualquier jugadora pueda formar parte del equipo. Además de los entrenamientos convencionales, las jugadoras tienen la posibilidad de entrenar con una modalidad llamada futfit, que consta de una preparación física específicamente enfocada en el fútbol.

El equipo se consolidó en 2017, cuando debutó compitiendo en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), luego de jugar por un tiempo partidos de fútbol ocho. Actualmente, las categorías registradas en la AUF son la primera y la sub 19.

El entrenador de primera es Nicolás Sierra, quien además de ser el director técnico es profesor de educación física. Sierra empezó trabajando con equipos masculinos, hasta que en 2011 hizo un curso de entrenador con una especialización en fútbol femenino en Alemania, y ahí surgió su vínculo con el fútbol de mujeres. Participó en selecciones femeninas por tres años, con la mayor y la sub 17, pero volvió al de hombres “más que nada porque el fútbol femenino es amateur y, si bien me encantó la experiencia, tenía que optar por el masculino para poder cobrar un sueldo”, explica.

Además, considera que el enfoque que tienen las jugadoras y los jugadores es totalmente diferente. De su experiencia en las juveniles de Wanderers masculino le quedó que los jugadores se lo toman como una exigencia, porque aspiran a que en un futuro ese deporte sea un medio de vida. “Las jugadoras, si bien se comprometen y son responsables, lo hacen como forma de divertirse y pasar el rato”. De este grupo sostiene que “si bien yo encabezo el grupo, me apoyo mucho en ellas, porque son muy maduras y tienen la capacidad de afrontar pila de cosas de las que en otro lado tenés que hacerte cargo como entrenador; acá ellas se autogestionan”.

Foto: Natalia Rovira
Foto: Natalia Rovira

En el Náutico encontró esa posibilidad, junto con Agustina Bermúdez, quien además de jugadora de primera es profe de la sub 19 y entrenadora y profe de la sub 14. Otro que aporta es el coordinador Juan Manuel Alzamendi, que da las clases de futfit, y los doctores y fisioterapeutas que se encargan del fútbol femenino. “Cuando no competíamos en AUF también teníamos nuestro sueldo, no cambió nada; en mi caso, que soy chica y me falta formación, poder trabajar de lo que me gusta en este club y con las instalaciones y demás es un privilegio”, comenta Agustina.

Levantar la copa

El principal objetivo del equipo, quedando pocas fechas de la Copa de Oro, es ascender: “Sabemos que si ascendemos tendríamos que cambiar algunas cosas, porque tenemos un plantel corto, pero el grupo, el plantel y la institución tienen ese objetivo, porque el club tiene todos los medios y un apoyo económico total. Las mejores canchas del club son para nosotros, las modificaciones que se necesitaron por disposición de la AUF, como en los vestuarios, por ejemplo, se hicieron, y tenemos todo para avanzar”, explica Nicolás.

Por su parte, Agustina opina que es momento de avanzar porque “ya es el segundo año que competimos en la B, y de a poco está bueno pasar a competir a otro nivel, que nos va a requerir un montón de cosas: más jugadoras, más entrenamientos. Es a lo que aspiramos con mayores. Con la sub 19 estamos por empezar la Copa de Oro, que va a ser muy dura porque quedamos entre las mejores ocho, pero dentro de esas ocho somos el cuadro que tiene que remarla más. Ya arrancamos a prepararnos; va a estar complicado, pero la idea es estar lo más arriba posible”.

Agrandar el cuadro

El equipo es muy diverso en cuanto a edades y a experiencias; hay chicas de entre 18 y 35 años. Varias empezaron a jugar al fútbol 11 hace poco, venían del de ocho, algunas con tres o cuatro años de fútbol 11, y también hay chicas como Aída Camaño, que tiene una experiencia de más de diez años jugando en selecciones y en muchos cuadros. “Las que están hace más años y tienen más nivel y experiencia tienen más compromiso”, considera el entrenador.

El hecho de que haya jugadoras que empezaron a practicar el deporte siendo mayores de edad es moneda corriente en todos los equipos del femenino. “Por suerte eso ha ido cambiando y saben un poco más de qué se tratan las cuestiones técnico-tácticas”, agrega. Lo que sucede ahora con jugadoras que empezaron a los 18 o 19 años no va a ser lo mismo dentro de un tiempo: “Cuando a los 15 tengan ocho años de fútbol, ahí es cuando realmente se va a poder ver el cambio”, opina Agustina.

Foto: Natalia Rovira
Foto: Natalia Rovira

La práctica hace a la maestra

A Agustina Bermúdez siempre le gustó el fútbol, como a su hermana gemela, que juega en Defensor. Formalmente empezó a practicarlo cuando ya era mayor de edad, en Seminario, cuando empezó a estudiar la Licenciatura en Educación Física; luego jugó con Universidad Católica en la Liga Universitaria, y por último en Náutico, club en el que estuvo como jugadora, como profe y como entrenadora. Actualmente, además de formar parte del plantel de Náutico, practica fútbol sala en Malvín. Cree que el fútbol se ha metido en muchos ámbitos en los que antes no estaba. En los colegios, por ejemplo, “tienden a ser muy estructurados con el deporte; lo dividen por géneros, pero de a poco en varios colegios se ha sumado el fútbol femenino, aunque siempre queda algún padre al que no le gusta tanto. Pero creo que en general se han roto bastante esas barreras”, opina.

La deportista espera que el fútbol femenino en nuestro país siga creciendo, que quienes están tanto en el femenino como en el masculino se comprometan, “que se empiece a pensar más en las jugadoras y en los clubes, que sea una obligación en sí misma por el femenino y no para favorecer a los varones, para que puedan competir internacionalmente. Falta un montón, pero estamos en un camino en el que todas y todos tiramos para el mismo lado”, comenta. Sobre Náutico, dice que “acá tenemos un montón de valores que son fundamentales para el deporte; la idea es transmitirlos a las niñas, para que cuando estén preparadas jueguen con esos valores como base”, finaliza.