Se iban los minutos. Una cosa es lo que pasa y otra, bien diferente, la sensación de lo que pasa. El tiempo expiraba y con él se iban los puntos grandes, acaso el único consuelo que quedaba era la repartida. No será ni la primera ni la última vez que un equipo tiene más oportunidades de gol que su rival, pero no consigue cristalizarlo. Tanto Liverpool como Peñarol llegaban lejos de ser sus mejores versiones, pero en la tarde del domingo era mejor el negriazul. Era, del discurso, y fue, por los hechos: en el cierre del partido Franco Romero, quien jugó desde el minuto 71 por la lesión de Gonzalo Maulella, aprovechó un centro de Bryan Olivera y la metió adentro. 1-0, primera victoria de Liverpool en el Torneo Clausura, otro mal resultado para Peñarol, que no levanta su juego.

1. Ir y seguir

Salvo por un par de llegadas, en ambas con tiros débiles que terminaron en las manos de Óscar Ustari, las chances en el primer tiempo fueron de Liverpool. Un poco olvidado de su mal inicio del Torneo Clausura, recordando su mejor versión, esa que lo llevó a ganar el Intermedio, el equipo de Paulo Pezzolano manejó, en esos 45 minutos iniciales, tiempo, espacios y pelota. Fue inteligente para presionar arriba y consiguió alguna pelota cerca del área carbonera. Cuando Peñarol no se dejó apretar y salió bien, entonces Liverpool fue rápido para replegarse y conseguir la pelota más atrás. En todos los casos, más cerca o más lejos, los negriazules fueron directamente a la búsqueda del gol.

Diego Guastavino, Federico Martínez y Juan Ignacio Ramírez fueron intensos. El primero se encargó de las pelotas detenidas y no convirtió primero porque Kevin Dawson le dijo que no, y después porque el travesaño cumplió su función. Dawson, además, voló sobre el ángulo izquierdo para sacar una cabezazo que Ramírez metió a la carrera. Las de Martínez, que fueron un par, pasaron cerca.

Federico Martínez, de Liverpool, y Gabriel Rojas, de Peñarol, en el estadio Belvedere.
Federico Martínez, de Liverpool, y Gabriel Rojas, de Peñarol, en el estadio Belvedere.

2. Continuidad

El segundo tiempo fue más parejo. Peñarol le encontró los puntos al mediocampo de Liverpool y no lo dejó generar tanto. Con eso, más la pelota y las ganas, el equipo carbonero pudo llegar al arco de Óscar Ustari. Siempre desordenado, con pocos jugadores –porque la mayoría de las veces fueron contragolpes con corridas de Facundo Pellistri–, pero llegó e inquietó.

Cuando el partido parecía que se diluía en el cansancio de una buena tarde, Liverpool se reacomodó. Hernán Figueredo tomó nuevamente la manija, se acordó que lo mejor de su equipo estuvo por las bandas y el partido otra vez se planteó en terreno aurinegro. Además, las variantes, porque a Liverpool los cambios le hicieron bien: Bryan Olivera levantó el centro, Romero conectó entrando por el medio del área y fue gol.

Por un lado tres puntos para reactivarse, ganar por primera vez en el torneo corto y recuperar el cuarto puesto de la Tabla Anual, lugar que otorga uno de los cupos para la próxima Copa Libertadores. Por otro lado preocupación para Peñarol, aunque es el único que puede saber su destino: seguro estará en la definición del título.

3. Mirar más

No puede sorprender a nadie, pero sucede. La consecuencia más grande es que se televisan pocos partidos del Campeonato Uruguayo. Es como que sobra comodidad –de quedarse a mirar los partidos por televisión– y falta curiosidad –de ir por las canchas–. Todo muy lógico. Pero ayer, en la excepción a la regla, una vez más lo masificado demostró la valía de un jugador. Siempre respaldado por el colectivo de los suyos, pero con dotes individuales de excepción. Hablo de Nicolás Acevedo, flor de jugador.