El síndico del concurso que terminó con la disolución del club concretada el 13 de marzo quiere que la Intendencia de Montevideo (IM) tome posesión del bien y abone un resarcimiento, para cumplir al menos con parte de los créditos laborales impagos en los últimos años de Neptuno. En la IM no hay disposición a resarcir y, por ahora, tampoco a recibir las llaves. La negativa a tomar posesión se basa en que, en el interior del edificio, permanece operativo un complejo de fútbol cinco. El empresario no se quiere ir y pulsea con el síndico, que pidió con éxito su lanzamiento ante el Juzgado concursal a cargo del expediente del club disuelto. Sin embargo, el dictamen se puede recurrir. He ahí el tranque que demora cualquier proyección futura. El partido judicial le importa a la Secretaría Nacional del Deporte (SND), que ya inspeccionó una infraestructura para la que tiene planes. También le importa a la maltrecha guardia gremial extendida por dos ex funcionarios, que pasaron el invierno sin agua ni luz, soportando el viento frío del extremo noroeste de la Ciudad Vieja.

Bajo un cartel luminoso en desuso, Julio Zúñiga y Carlos Giorgio habitan el viejo hall del club y una cafetería conexa para impedir vandalizaciones u ocupaciones que posterguen el cobro de lo que les deben, pero se sienten esclavos de un negocio ajeno. Zúñiga cuenta que hay “que estar todo el día porque no sabemos a qué hora vienen, si vienen o no vienen, los del Coliseo”. Así se conoce al complejo de canchas de fútbol cinco abierto tras un acuerdo de alquiler con el club ahora inexistente. “La orden del juez (letrado de Concursos de Segundo Turno, Álvaro González) es que les habilitemos el paso. Además, tenemos que hacer la guardia de seguridad de la gente que entra o no entra, porque estamos cuidando los 16.000 metros cuadrados que tiene esto”. Se trata de una edificación de una manzana entera, que entre otras cosas aloja dos piletas cerradas: una de ellas es la única con longitud olímpica de Montevideo. Pero, aparentemente, la convivencia no sólo involucra al empresario que intenta evitar el desalojo y a la clientela de pantalón corto que recorre en penumbras la morada de la guardia gremial. “Del otro lado, en uno de los apartamentos que es parte del propio club, una casa que es el 59 de la calle Piedras, se habría instalado, según varios vecinos, una boca de pasta base”, acota Zúñiga.

El ocaso de Neptuno es una nueva perla en el collar del abandono de una de las zonas más bellas de Montevideo, patrimonial y naturalmente. En la punta de esa pequeña península sobre la que se levanta la Ciudad Vieja se respira soledad, entre construcciones vacías o deterioradas. El ejemplo por excelencia está en una de las manzanas contiguas a la del club. Cruzando Piedras, desde hace años duerme la siesta la sede de la antigua Facultad de Humanidades y Ciencias, un precioso edificio de 130 años declarado Monumento Histórico Nacional, que aloja una custodia mientras espera el reciclaje que lo salve del derrumbe. Los solitarios integrantes de la guardia gremial le pasan por el costado mientras van a buscar agua potable a la revitalizada Plaza de Deportes Número 1, honrosa excepción a cielo abierto. La penosa tarea no puede hacerse sin dejar la espalda cubierta: “Es muy claro, nosotros salimos de acá y esto es copado. Hay diez personas durmiendo acá (en torno al club extinto)”, remata Zúñiga. Fractura social a cinco minutos del Centro.

Gimnasio de artes marciales.
Gimnasio de artes marciales.

Los tiempos de la justicia condicionan la vida de los dos trabajadores, ejemplo de persistencia de un grupo mayor que también tiene derecho a reclamar por haberes impagos. Hay quienes perciben seguro de paro y buscan extenderlo. En otros casos, accionar es más difícil dada la precariedad de los vínculos laborales de la última etapa de la institución. A fines de la semana pasada, el juez González decretó el desapoderamiento del complejo de fútbol cinco, tal como lo solicitó el síndico Israel Creimer. Sin embargo, Sebastián Cessio, propietario del emprendimiento, asegura que su abogado va “a recurrir” la decisión, posiblemente en estos días. Acota que el cierre del club con el que suscribió el contrato de alquiler es un “garrón increíble” que le generó perjuicios económicos, entre los que enumera haber costeado una conexión especial de energía eléctrica para su negocio tras el cese del contrato de UTE con la asociación civil disuelta. En los más de siete meses que pasaron desde el final de Neptuno hasta el reciente dictamen de González, las partes habían batallado con suerte dispar: el empresario presentó un recurso de amparo que le permitió seguir operando y el síndico llegó a anular su contrato de alquiler.

Una vez que se despejen las últimas incógnitas judiciales, será más sencillo proyectar el futuro de una infraestructura tan venida a menos como atractiva para el deporte nacional. Podría facilitarse la toma de posesión de la IM, hecho que se frustró el 30 de abril, cuando la comuna constató que las canchas de césped sintético tenían vida propia. Pero en el horizonte asoman nuevos litigios. Creimer aspira a que la IM asuma el control y le reconoce la propiedad del terreno, pero insiste en reclamarle un resarcimiento por lo construido encima: “Hay una especie de instituto en el derecho uruguayo que se llama enriquecimiento sin causa. Es decir, si alguien se enriquece, tiene que pagar por ese enriquecimiento. Es un instituto residual. Estoy estudiando eso para ver si puedo sacar algún pesito para los trabajadores. El tasador tasó 16.000 metros cuadrados en 2,5 millones de dólares, que no es una cifra disparatada”, acota. Pero nada de eso le parece atendible a Fernando Nopitsch, secretario general de la Intendencia, que responde con un lapidario “no le vamos a pagar nada”. Para el jerarca, abonar “no corresponde” porque, en su momento, la comuna financió la construcción del complejo deportivo.

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Según Nopitsch, a la IM le “viene bien” participar de proyectos futuros y pone como ejemplo la necesidad de que el cuerpo de guardavidas cuente con piscinas para entrenarse. Eso podría ser posible bajo un esquema de cooperación con la SND, que se sigue insinuando como la pieza fundamental para una eventual nueva etapa. Daniel Daners, gerente del organismo, ratifica la “intención de intervenir” el edificio para sumarlo al “sistema de atención al alto rendimiento” y agrega que hay una partida de dinero “importante” reservada para ello. Aunque condiciona los planes a la previa resolución de los tironeos judiciales, hace un par de meses recorrió las instalaciones con arquitectos y arquitectas de la Corporación Nacional para el Desarrollo que constataron “buena calidad constructiva con algunas intervenciones de mala calidad” y el agravante de la ausencia de “mantenimiento en los últimos 25 años”. Para Daners, poner a punto la infraestructura demandaría al menos seis meses y serviría para desarrollar un centro de alto rendimiento orientado a natación, futsal, handball, voleibol, tenis de mesa y halterofilia. “En algún momento se va a incorporar al Neptuno”, sentencia, confiado de que el bastión de la Ciudad Vieja dejará de ser un depósito sucio.