En el hall de entrada del Complejo Uruguay Celeste hay un cuadro de Obdulio Varela del artista plástico Javier Abdala, que utiliza el reciclaje como elemento artístico. Esa obra –subastada en la última cena de la Fundación Celeste– fue adquirida por los jugadores del plantel de la selección. Es imposible no verla: uno da unos pasos y se da de frente con ella. El rostro del Negro Jefe, el eterno capitán, ilumina la sala de espera y el Maestro Tabárez, una vez finalizada la entrevista con Garra, se excusa con Sandro Pereyra y le niega el retrato cantado.

¿Qué valoración hace del sorteo de la Eliminatoria?

Sabíamos que teníamos que esperar lo que determinara el sorteo. Hace poco, por consultas que nos hicieron, no estaba claro si se seguía con el mismo fixture, y hasta la mañana del sorteo había noticias de que se iba a ponderar a Argentina y a Brasil, y al final se hizo como lo viene haciendo la FIFA desde hace un tiempo, sobre todo en Europa: un sorteo total, a cada equipo le toca el que le toque. No podemos hacer valoraciones.

¿Y de Chile y Ecuador, los dos primeros rivales?

Nos toca un partido en Quito, y tiene que ver con estrategias especiales. Los lugares con altura son los que nos causan dificultades, más aun que el calor de Barranquilla. Tenemos experiencia en ese sentido, experiencias anteriores: hemos perdido, a veces hasta por un tanteador importante, pero también, últimamente, hemos conseguido mejores resultados. Entonces, hay una evolución, vivencias que nos permiten enfrentar todas las situaciones. Los demás son enfrentamientos deportivos. Hemos tenido la suerte y el mérito, sobre todo de la gerencia deportiva, de concretar muchos partidos de preparación en las fechas FIFA: después del Mundial, después de la Copa América. Fueron partidos que nos dieron nuevas experiencias; hemos enfrentado a todos los equipos, juntamos experiencia, y creo que demostramos que somos competitivos. Jugamos contra Brasil, Argentina, Perú, en la Copa América, además, contra Chile. Es como nadar en el mar: ¿qué sentido tiene hablar de una realidad que todavía no existe? Ya les salió mal a los que se adelantan a las cosas en la Eliminatoria pasada: estábamos muertos antes de jugar con Bolivia sin Luis Suárez, sin Edinson Cavani, y ganamos por primera vez en la historia. No se puede predecir el futuro, y creo que nosotros hemos tenido un proceso que más allá de la valoración que se le haga desde afuera, para nosotros tiene puntos fuertes que tienen que ver con el momento en el que van los jugadores al campo, y ellos son los principales protagonistas, el principal factor de rendimiento. Vuelvo a los partidos jugados: nos han permitido ver cosas que son necesarias en el fútbol de estos días y que podrían aumentar el potencial del equipo en cuanto a la aparición de futbolistas con características que le permiten hacer cosas que siempre hizo la selección, pero también con capacidad de maniobra y sobre todo siendo buenos en el sector del mediocampo a la hora de llevarles problemas al rival.

Decisiones

Dos de esas apariciones importantes en la selección mayor –en la defensa y en el medio campo– fueron Matías Viña y Brian Rodríguez, ¿se refiere a ellos?

Sí, pero no porque hayan aparecido por generación espontánea. Hay que darle tiempo al tiempo: el proceso de selección va a cumplir 14 años ahora en marzo y, más allá de que uno quisiera ver las cosas rápidamente, hay que esperar que el tiempo haga su efecto. Yo doy nombres, no tengo problema: Federico Valverde, por ejemplo. No lo llevamos al Mundial, ¿fue una equivocación? Para nosotros no: no le veíamos cosas que se le ven ahora, no le veíamos sentido a exponerlo en algunas cosas, en un papel secundario, cuando no había completado su evolución y no mostraba cosas de ahora. Que han sido sorprendentes los cambios, sí; que un jugador de 21 años muestre eso en el lugar donde está, sí; pero no empieza la historia ahí, es un paso importante dentro de esa historia que tienen casi todos los jugadores que están en la selección. Y me dirán que hay algunos que todavía no pasaron por eso; Matías Viña, por ejemplo. Pero todos van a tener que ir a medios más significativos y ahí tratar de redoblar el sentido que le dan a la actividad futbolística, reinventarse como futbolistas y tener más oportunidades en la selección. Me animaría a decir que Viña –sin querer adivinar el futuro– va a integrar esa nómina, porque es algo natural que se está dando en un país de futbolistas emigrantes. Lo que no está dicho es la respuesta a la pregunta que siempre nos hicimos: ¿por qué algunos jugadores lo consiguen, de los que se van, y por qué algunos que se han ido no lo consiguieron? Esa es la diferencia: la individualidad, las circunstancias, los entornos, las influencias, los apoyos. El mérito es del jugador; hasta que no descubre ese clic, que vi en Brian Rodríguez y en Darwin Núñez, por ejemplo, que en el Sudamericano sub 20 no lo mostraba: no sabía cómo definir, qué fundamentos utilizar, cuándo patear al arco, cuándo no. Después, en el Mundial empezó a mejorar, y cuando vino acá, en un partido con Boston River, mostró en tres goles que hizo que pensaba en cómo definir y tenía fundamentos en la definición. El jugador crece.

Usted notó en Valverde –luego de aquel primer quite defensivo en el partido con Paraguay en Asunción– una fortaleza, y lo ha destacado en ese sentido. ¿Cómo analiza su evolución en el último año?

Basta con ver los partidos que jugó Uruguay en la Copa América, y sobre todo este último amistoso y la influencia que tuvo en ese primer gol de la selección contra Argentina. Los regresos que tiene a la acción defensiva y hasta las descargas temperamentales son distintas, como el gol que hizo el Real Madrid en la hora, hace unos días. Él estaba cerca del lugar donde se definió la jugada, golpeó el piso y gritó durante unos cuantos segundos, y eso no está muy relacionado con el perfil bajo que es parte de su personalidad. Quiere decir que los jugadores van descubriendo significados y los van incorporando. Esa es la historia de las personas, nadie nació ganador ni perdedor. Los jugadores que jugaban a los 15 años de una manera bastante parecida a cómo han jugado después a los 27, 28 son los Pelé, los Maradona, los Cruyff, los Messi: son pocos en el mundo. El mismo camino de Valverde lo recorrieron Luis Suárez y Edinson Cavani, así de sencillo. Fueron a medios más exigentes y consiguieron cosas rápidamente.

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Foto: Sandro Pereyra

En tono grupal

2020 está marcado por las Eliminatorias, pero también por la Copa América y el Preolímpico sub 23. ¿Cómo será la planificación desde el cuerpo técnico?

Sigue por el mismo carril. Cuando recibamos a los jugadores vamos a retomar el hilo de lo que venimos hablando con ellos en todos los partidos de fechas FIFA. Desde el punto de vista conceptual, la selección ha jugado con un 4-3-3, con un 4-4-2, jugó con Suárez y Cavani, con dos mediocampistas centrales y hasta con tres, que en muchas ocasiones depende del rival. Por ejemplo, con Argentina y por nuestras experiencias anteriores, entre las líneas tiene que haber un escalonamiento, y cuando juega Messi es importante que haya un mediocampista más cercano a la línea defensiva. Jugamos con dos puntas, con uno solo; hemos mejorado mucho el juego por las bandas, no sólo con jugadores que jugaron ahí, sino con las combinaciones con los defensas laterales. Tenemos un plantel amplio que permite tener variantes en el futuro; vamos a depender, como siempre, de la disponibilidad. Estamos procurando tener un espectro amplio de jugadores elegibles más allá de que estén en una convocatoria o no, pero que estén preseleccionados en nuestra mente para solucionar cualquier caso de no comparecencia de un jugador por lesión, suspensión. Ni siquiera descartamos que pueda haber jugadores que no han estado hasta ahora, y yo creo que si se generan esos espacios pueden venir.

¿Qué importancia tiene una selección sub 23 más allá de lo coyuntural y del Torneo Preolímpico en sí mismo? Este campeonato vuelve después de 16 años.

Y ya se va el año que viene, entonces no ha vuelto. Es un parche, como muchos que hay a nivel de la institucionalidad del fútbol sudamericano. Sería bueno tener acá –como se tiene en Europa– una divisional que sea posterior a la sub 20, en la que se termina la actividad juvenil de los jugadores en un proceso de selección. Un país con tantas condicionantes como el nuestro precisa de este tipo de actividades de largo plazo porque, más allá de que me correspondan ciertas generales de la ley, sirve para muchas cosas. Acá ni se prevé eso. Cuando se juegue la Copa América en Argentina y Colombia se va a jugar la Eurocopa, y ahí va a haber competición sub 21. Los grandes equipos europeos son grandes, entre otras cosas, porque ahí está el poder económico, el poder organizativo, el poder logístico, las capacidades, pueden contratar a los mejores entrenadores y futbolistas. Pero además les dan competiciones significativas a los jóvenes de esas edades, y es una tarea de la confederación de cada región que se tiene que hacer por objetivos deportivos, más allá de los económicos. Hay como una necesidad de ir a los Juegos Olímpicos, pero ¿cuándo nos acordamos? Para nosotros ha tenido un valor histórico, pero no se compara con ningún campeonato organizado por FIFA, ni siquiera los Juegos Olímpicos, ni el lugar que ocupa el fútbol en los Juegos es tan importante. Lo hemos vivido, es importante participar, pero no conformarnos con la forma aislada en que se hace eso, de acordarnos de los Juegos Olímpicos no como una meta que resulta de un trabajo, de una evolución. Vamos a ir a este Preolímpico con una preparación que empezó en diciembre, hace una semana, para competir en enero: no vamos a ir bien preparados, no hay misterio. Hay otros equipos que han competido a esa edad, como Argentina, que hizo una preparación, pero no tiene seguridad con ninguno de los jugadores que participaron porque no es obligatorio. Entonces, desde el punto de vista ideal no va a ser una selección muy preparada, y queda todavía ver cómo termina una aspiración que se tiene, que es saber si se contará con los jugadores de Nacional y Peñarol. No hay respuestas en ese sentido, no queremos ningún tipo de choque ni citar para que después nos digan que no. El sentido de la convocatorio es el que se da siempre en todas las selecciones, sobre todo a partir de la sub 20: tener el concepto de la visión hacia una posibilidad de acceder a la selección mayor, por su perfil, por lo que muestra en el aspecto físico, psicológico, comunicativo, social, en esa tarea de darle sentido a lo que se hace y que se piense colectivamente cuando se está acá adentro.

¿Hay jugadores en esa selección que pueden estar en la mayor?

Sí, no hace mucho que terminó la actividad juvenil para algunos, como por ejemplo Maxi Araújo, Sebastián Cáceres y algunos otros. Eso es lo bueno de este proceso de selección: ya vienen con cierto camino adelantado en cuanto a la manera de trabajar, de compartir. Eso lo tenemos en cuenta y es un punto a favor, pero tampoco podemos vaticinar ni resultados ni clasificaciones.

De fútbol casero

¿Qué análisis hace del fútbol local?

La organización que tiene el fútbol local, en las circunstancias que vive, en el estado de cosas en el que estamos, cada vez que empieza y termina no un campeonato de temporada, sino un torneo de los que componen ese campeonato global, trae cambios en los planteles, de futbolistas y entrenadores. Y ni que hablar ahora que terminó el año: los que juegan bien se van, los que juegan “mal” –entre comillas, porque eso nunca puede tener un sentido peyorativo– son descartados por los equipos; también pasa con los entrenadores, y en los cuadros grandes están los dos ejemplos. En uno decidieron a nivel institucional que no continuase, se me antoja que porque no consiguió el campeonato, pero en el otro caso el técnico se va porque salió campeón, o pese a haber salido campeón, no le quiero poner adjetivos. Es muy difícil así. Durante el desarrollo de las competiciones en una temporada vienen ofertas, y es bravo tomar las decisiones, si transferirlo o no, si arriesgar en lo deportivo o no. Si yo tengo necesidades, vivo al lado de un río y se me está inundando la casa, pese a que yo había pensado en hacer una reforma, arreglar el jardín y demás, en ese momento no me puedo dedicar a eso, tengo que tomar una decisión sobre lo urgente. Y eso les pasa a los clubes. Pero el camino lo hace el futbolista. En un momento, que acá se da naturalmente, ese futbolista va a ir a otros medios que tienen un nivel de exigencia que también tiene su gama: no es lo mismo la MLS que la Premier League, pero son todas superiores a las exigencias con las que se juega en el medio local.

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Foto: Sandro Pereyra

¿Y a nivel organizativo propiamente dicho?

Tener una organización que en los puestos importantes de decisión considere todos los estamentos del fútbol costó tanto trabajo, tantos enfrentamientos. Es una cosa que se tendría que haber dado hace decenas de años, pasa en todos los lugares que son organizados. ¿Cómo el fútbol del interior, que tiene tantos equipos, no va a estar representado en la organización del fútbol uruguayo? ¿Cómo al fútbol infantil, que es un tesoro que tenemos en Uruguay, no lo tenemos considerado en cuanto a una importancia prioritaria? Hay que mejorar su infraestructura, el producto de los jugadores que salen del fútbol infantil y acceden al fútbol juvenil. ¿Cómo el fútbol –y me voy a referir a organismos vinculados con el deporte– cuando hay elecciones y debates previos ni se nombra? Por ninguno de los partidos políticos. Se necesitan cambios en ese sentido, y no sólo por un interés de aportar jugadores a la selección, o por más dinero a los clubes, sino porque el fútbol y el deporte en general han demostrado que son muy importantes desde el punto de vista social, ya que generan despuntes del ocio en los tiempos libres de los jóvenes en actividades edificantes, colectivas, en las que se ponen a prueba los valores. En cualquier partido, aunque sea un picado, aparece la solidaridad, el esfuerzo personal, el respeto a los compañeros, la diversión, disfrutar. El número de jugadores que salen del baby fútbol para una selección nacional debe estar por encima de 90%, son casi todos, y no sólo ahora. El fútbol infantil junta 300.000 personas en un fin de semana; el fútbol profesional, sumando todas las divisionales y las juveniles, no llega ni cerca a un número similar. Todos tenemos un nivel de responsabilidad, todos los que estamos en el fútbol; yo me pongo en primer lugar, pero ustedes como periodistas también, los dirigentes del fútbol ni que hablar, porque están en un nivel importantísimo en la toma de decisiones.

¿Qué más se necesita para cambiar ese “estado de las cosas”?

¿Qué tienen que atender los clubes? Defender la historia y el prestigio internacional que ya pueden haber tenido anteriormente y hacerla crecer. Sobre todo por la comunidad que lo rodea, el lugar en donde está establecido. ¿Qué más se necesita? Mejoramiento de las infraestructuras, y no tiene que venir sólo por el aporte de dinero de los dirigentes, sino por una organización que prevea que los clubes de alguna manera lo reciban a raíz de proyectos de FIFA, de mejorar las recaudaciones, de mejorar el fútbol como espectáculo para que en cualquier cancha sea muy parecido a cuando se ve un partido de la selección, que tiene una cantidad enorme de hombres, mujeres y niños. La seguridad, un montón de cosas problemáticas. Nosotros tenemos condicionantes, eso es cierto, es difícil acá buscar soluciones, pero hay que buscarlas, hacernos responsables de eso y no quedarnos enfrascados en las disputas, en que la culpa la tiene tal o cual. Todo eso, a la larga, juega contra los intereses comunes, y algunos dirán que es muy fácil decirlo y muy difícil llevarlo a cabo, pero yo veo que hay algunos que ni siquiera lo piensan, no consideran la posibilidad de participar en estas cosas.