El equipo de Belvedere fue uno de los pioneros del campeonato de fútbol femenino de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que comenzó en 1996. En 2008 se retiró de la competición, y pasaron ocho años hasta que volvió a participar. Fue en 2016, cuando dos hinchas del negriazul, Javier Saavedra (actual coordinador administrativo) y Graciela Rebollo (actual coordinadora deportiva), pudieron concretar un proyecto que venían craneando desde 2006: tener espacio para todas las categorías.

Graciela, tras haber sido técnica en el Mundial femenino de 2006, aspiraba además a formarse en algún cuadro y seguir ganando experiencia como profesora de educación física y como técnica de fútbol con una maestría en Gestión Económica y Derecho en el Deporte.

Hoy Graciela es un pilar fundamental en el desarrollo del fútbol femenino del país. Actualmente, además de coordinar Liverpool femenino, trabaja en el Departamento de Niñas de la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI). Fue la directora técnica del Mundial sub 17 de 2012, que se disputó en Azerbaiyán, y participó en el Mundial sub 17 del año pasado en nuestro país como encargada del Comité Organizador Local.

¿Cuál es tu experiencia en el fútbol femenino?

Graciela Rebollo (GR): Mucha. Desde el mojón importante que fue en 2012 el Mundial para el que clasificamos hasta este Mundial del año pasado, que tuvimos en casa. Siempre trabajé en infantil. Al ser profe de educación física y técnica estoy obligada a buscar instituciones para tener futuro, no basta con la escuelita. Buscamos instituciones con perfil de formación, que les den importancia a los planteles juveniles. Esa filosofía es un facilitador a las puertas que se abren para la mujer.

¿Cómo fue la evolución del femenino desde que empezaste hasta ahora?

GR: Hoy día tenemos muchos clubes de fútbol infantil plantando esa semilla que cuesta, aunque realidades hay muchas y en eso soy muy optimista. Hay muchos clubes que están empezando a hacer ligas, campeonatos, viendo qué se necesita. Desde el Departamento de Niñas [de ONFI] tratamos de impulsarlo. También cambió en cuanto a la realidad de las familias, que se están acercando; las madres y los padres están empezando a ver el fútbol como lo que es: un deporte más. Si la niña pide y exige, se preocupan por lo menos de llamar para averiguar. Antes no se vivía así.

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Las oportunidades se construyen

Actualmente, Liverpool es el único equipo femenino con todas las categorías: sub 12, sub 14, sub 16, sub 19 y primera.

Lo primero que hicieron Graciela y Javier (también administrativo y encargado de la comunicación del club) fue crear dos categorías en base a una escuelita de fútbol que coordinaba ella. El siguiente paso fue contactarse con Liverpool, y a partir de ese apoyo se montaron el resto de las categorías, la sub 16 y la sub 19.

En esta etapa, la sub 16 salió campeona y la sub 19 llegó lejos. Así consiguieron el apoyo: a base de confianza y esperanza. Al año siguiente se formó el equipo de Primera División. Unos meses después, se terminaron de conformar las categorías infantiles y quedó consolidada la institución.

¿Cuál es la categoría que tiene más chicas?

Javier Saavedra (JS): Hay un promedio de 25 jugadoras por edad. Se mide en generaciones: hay algunas más pobladas, como la 2003, pero se han ido colmando. Intentamos que las de más abajo estén más, porque no se apunta tanto a la competencia sino a la formación, y eso te permite ir mezclándolas y poniéndolas en el campeonato. Juvenil y primera es más difícil porque estás dentro de una competencia; el promedio se achica un poco, pero es de más o menos 20.

¿Es ahora el momento en que más niñas se acercan?

JS: Las niñas siempre estuvieron, siempre quisieron jugar al fútbol, pero había un tema social por la oferta que se les podía dar. Lo más cercano era una escuelita. Dentro de las actividades de ocio no existía ser jugadora de fútbol. Sí hacer patín, por ejemplo. Eso fue cambiando a nivel social y mundial. El Mundial de noviembre pasado jugado acá, las publicidades en las que además de un varón también hay una mujer jugando al fútbol, eso hace que parezca más sencillo y que se entienda que es lo normal. Las familias escuchan más a las niñas, las traen, están más abiertas. Antes si querían jugar no lo exponían porque quedaban como “las machonas”. Ahora una niña que tiene 6 o 7 años no tiene que esperar a tener 15 para decirlo.

¿Cómo están conformados los equipos de trabajo?

JS: Por categoría. Las infantiles sub 12 y sub 14 que están participando en AUFI [Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil] tienen un técnico cada una, un profe que es estudiante del ISEF [Instituto Superior de Educación Física] y un licenciado en Recreación en la Educación. A nivel federado, en sub 16, sub 19 y primera hay un técnico y un profe, y coinciden la del sub 14 con la del sub 16 y la del sub 19 con la de primera. Generamos un vínculo en el trabajo, de cargas, de lesiones, y se tiene ese vínculo y nexo entre las categorías. Aparte tenemos el entrenador de goleras, y al psicólogo, que también es común para todas. En sanidad tenemos una consultoría privada, y desde Liverpool, para derivar en caso de lesiones, tenemos un convenio con la clínica del club.

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¿El apoyo del club fue inmediato?

GR: Fue paulatino. El proceso se presentó en 2015, y se empezó a trabajar en 2016. Fueron cuatro años de trabajo. Viéndolo ahora, todo lo que pedimos se nos dio. Nuestros pedidos eran acordes a cada momento.

JS: Y cada categoría, a su vez, tenía un costo. Los cuerpos técnicos, los materiales; cuanto más se avanzaba, más apoyo se precisaba. El año pasado logramos que Liverpool contratara a los cuerpos técnicos y que esos contratos fueran homologados por la AUF. Ser técnico contratado, con sus beneficios, es un trabajo. No vienen por los viáticos. Esa es la base.

¿Qué impacto genera tener un equipo de trabajo remunerado en lugar de voluntario?

JS: Hay clubes que crecen y se derrumban porque no tienen cimientos. Para nosotros, los cimientos son tener técnicos contratados en el club, tener la seguridad de que estemos o no mañana la institución se va a hacer responsable del proyecto y lo va a llevar adelante. Estando Graciela como coordinadora, estando los técnicos, los profes, el psicólogo, tenemos esa facilidad. Si falta uno puede venir otro, y no es un voluntarismo que te limita y se termina derrumbando.

¿Qué objetivos tienen para este año?

GR: Siempre trabajamos pensando en potenciar para que las jugadoras crezcan como deportistas y como personas, acompañando en los estudios, que a veces es difícil. Hay objetivos específicos en cada categoría. En las juveniles, como tenemos un trabajo con una cierta continuidad en el tiempo, estar arriba en el campeonato. En nuestro segundo año en la Divisional A aspiramos a mantener nuestro nivel y mejorar, pero ese crecimiento no tiene que ser muy abrupto. En las formativas no hay un objetivo más que el disfrute y ampliar la base, sin perder el darles mucha técnica, mucho aprendizaje, pero que disfruten, que jueguen, que no huyan por malas experiencias, y si se tienen que ir de esta casa que sea para cambiar por algo mejor o, como nos ha pasado, por decirles: “Hay mucha cantidad de jugadoras, no vas a tener chance, andá a otro lugar”. Duele, pero no podemos tener 60 muchachas, por la realidad logística.

¿Qué les dirían a las madres y padres que no traen a las hijas al fútbol por ser niñas?

JS: Que no pierdan el tiempo, que hubo un cambio. Sobre todo, las mamás se están animando. Acá hay una que viene de San Luis, y otra que llega desde Durazno. El tema son las familias: deben apoyar.

GR: El tema de la edad es importante. Te llaman a los 12 o 13 y te comentan “me viene pidiendo hace tanto”, y es el último año del infantil. Son etapas que la niña pierde. El niño también, pero a él lo llevan de cabeza a cualquier cuadro del barrio. A la niña que quiere hacer actividad física también deben llevarla a cualquier cuadro del barrio, hoy día hay en todos.

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¿Cómo se refleja el apoyo de las familias en este deporte?

GR: Se ve mucho desde las madres. Lo que ellas generan para las hijas es también para ellas. El rol no es sólo el de madre; les da eso de sentirse importantes, con el “tengo que salir corriendo con mi hija para llevarla a jugar al fútbol, mi rol no es sólo trabajar”, o sea, la madre crece a nivel social. O “soy responsable de llevar el botiquín, de acompañarla a la parada”. Son cosas sencillas, pero hoy día se han perdido. Ese voluntariado es importante.

El sueño de la piba

Agustina Núñez forma parte del plantel de la sub 16 y fue la elegida de Uruguay para participar en una competencia que la marca Nissan organiza en Buenos Aires.

¿Por qué el fútbol?
Empecé a los cinco o seis años porque mi hermano jugaba. Yo iba a todas las canchas a verlo y quería jugar. Empecé el baby fútbol en San Francisco de Asís.

¿Cuadro mixto?
Sí, pero yo era la única mujer.

¿Cómo fue y cómo sigue la competencia de Nissan?
Era una prueba técnica por puntos y la que la ganaba pasaba a otra prueba en Buenos Aires. Yo pasé y ahora la que la gane se va a la final de la Champions League.

¿Qué es el fútbol para vos?
No es sólo un deporte, yo quiero vivir del fútbol, ese es mi objetivo.

¿El cuadro de tus sueños?
El Atlético Madrid.

¿Una jugadora o un jugador que destaques?
Walter Gargano.