Lejos, no tanto en el tiempo como en el semblante, quedó aquel gurí de Peñarol de la voz de niño, las piernas flacas y los goles inolvidables. Federico Pajarito Valverde es uno de esos jugadores que eligen quedarse después del entrenamiento. Hace unos días, todavía en Montevideo, ayudaba a guardar las pelotas en la bolsa como si fuera un utilero más, porque en la celeste se cultivan los lazos de la igualdad, como si fuera una familia. Ahora la realidad cambió. No porque no haga ese trabajo, sino porque el campeonato es una realidad. Debutó oficialmente por una Copa América y lo hizo bien. En Uruguay, jugar diez minutos es un sueño para siempre. Marcó, ordenó, dio juego y hasta le alcanzó para prenderle al arco en una jugada similar a la del gol que le hizo a Panamá en la despedida celeste. Esta vez la puntería fue otra. Valverde es joven pero juega como los grandes. Desde la desafortunada lesión de su compañero Matías Vecino está en todas las crónicas como uno de los candidatos a suplirlo. Juega tranquilo, sabe que está. Siempre definirá el Maestro Óscar Tabárez, el hombre que lo vio jugar cuando apenas tenía 13 años. Le tocó quedarse afuera de un Mundial y bancó. Es así; al que quiere celeste, que le cueste. Ahora, la camiseta 15 está lista.

Es tu primera experiencia en un torneo oficial con la selección mayor, sin contar las Eliminatorias. ¿Qué expectativas te genera?

Siempre trato de pensar en lo mejor que se pueda lograr, y lo mejor que se puede lograr es la copa. Pero hay que ir paso a paso para seguir pensando en lo que se viene.

Después de aquel gol importante en Asunción quedaste afuera de la lista del Mundial. Sin embargo, Tabárez habló de vos en varias oportunidades, cuando generalmente no hace referencia a los futbolistas no convocados. ¿Qué pensás al respecto?

Es muy bonito que una persona como el Maestro hable bien de mí. Es especial. Él les da importancia a todos, no sólo a los de la selección mayor; desde que llegás con 13 años, como me pasó a mí, se acerca a los jóvenes cuando aún les falta un montón de camino por recorrer. Siempre que vas al complejo salís con felicidad, porque luchás para llegar a la selección y para llegar a lo más alto. Entrás a la sub 15 y parece que fuera lo más alto, porque el Maestro te lo hace notar día a día.

La mitad de la cancha del equipo es el sector más esperanzador, según el entrenador. ¿Cómo analizás el mediocampo de Uruguay?

Estamos felices, tenemos jugadores con buenas características. Yo siempre hablo de Rodrigo [Bentancur] porque es con quien he compartido más cosas en el pasado y con quien hoy compartimos habitación en la concentración. Además, nuestras parejas se llevan muy bien, por eso tenemos otro vínculo aparte. Es una persona espectacular, que apenas tiene un año más que yo pero es alguien a quien admiro; tengo mucho para aprender de él. Siempre trato de sacarle un poquito de lo que hace, es un placer jugar juntos.

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¿Qué cambió de aquel Pajarito de Peñarol al jugador que sos ahora?

Los cambios se dan según el ambiente donde te muevas. Real Madrid te cambia en todo sentido. No sólo es uno de los mejores equipos del mundo, sino que he adquirido madurez, he aprendido a ser profesional, a alimentarme, a descansar, a moverme fuera de un campo de fútbol. Eso te hace crecer como persona y es lo que te va a hacer mantenerte a un nivel de elite.

¿Cómo fue la vuelta al Campeón del Siglo?

Estaba nervioso, muy ansioso por el momento de entrar al estadio. Uno a veces encuentra el valor en las cosas cuando está lejos, cuando se va en busca de otros objetivos. Por eso valoré mucho lo que pasó hace unos días, de poder estar con mi familia disfrutando del cariño de la gente, de que se acerquen niños a pedirme una foto. Es muy bonito, es volver al país por lo más grande para un jugador que es la selección y, además, encontrarse con el cariño que a veces hace falta en Europa.

¿Extrañás La Coruña o ya te acostumbraste a vivir en Madrid?

En Deportivo La Coruña fue un año complicado porque me tocó descender, pero la ciudad es hermosa. Yo siempre estoy en casa o en la casa de mi familia, y La Coruña es muy lindo, muy parecido a Montevideo: está todo cerca y la gente te brinda mucho cariño. Ahora en Madrid, que es una de las ciudades más importantes del mundo, hay de todo para hacer, para disfrutar. Tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas. Tengo 20 años, estoy en la selección de mi país y en uno de los mejores clubes del mundo, eso te abre un montón de puertas para desviarte del camino que querés seguir. Como joven que soy, trato de ver todas las puertas que aparecen, de disfrutarlas, de conocer todo eso nuevo, porque todo está al lado tuyo. Por suerte, mi familia y mi novia me ayudan, me aconsejan y están pendientes de lo que me pasa.

La familia tiene una presencia importante en tu vida, pero además tu hermano Pablo Castro, futbolista de Bella Vista, te habrá ido nutriendo con su experiencia.

Soy un agradecido a mi familia, que siempre estuvo cuando las cosas fueron complicadas. Mis padres, mis hermanos, todos, pero claro, con Pablo es distinto porque jugó al fútbol toda su vida y vivió mil cosas complicadas dentro del fútbol. Él me hace abrir los ojos, porque hay gente que se acerca por intereses y no por amistad, y Pablo siempre me hace darme cuenta de esas cosas. A pesar de que ahora nos vemos un par de veces por año, siempre trato de sacarle consejos que sé que me pueden ayudar. Además, jugamos en el mismo puesto, aunque en el campo a él le gusta un poco más la lucha y yo soy más de jugar, pero siempre hay que tener un poco de todo.

Contra Panamá hiciste un golazo desde afuera del área. ¿Siempre te quedás a patear después de entrenar?

Sí, siempre, salvo que nos tengamos que ir a descansar o algo en especial. A veces me quedo solo y a veces a hacer enojar al profe (tenemos una comida apostada). En Real Madrid es más grupal, ahí nos quedamos todos y entrenamos más bien las jugadas de pelota quieta, no tanto a jugar; además, ahí apuestan mucho y ya es distinto. [El director técnico Zinedine] Zidane marca el ejercicio y ahí nos quedamos todos tratando de hacerlo.

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¿Caés en la realidad de que es Zinedine Zidane el que te está diciendo cómo pegarle a la pelota?

A veces no me doy cuenta. Fijate que voy creciendo y conociendo a jugadores que fueron leyendas, que han ganado todo como él, como jugador y como técnico. Le saco el fruto a contar todos los días en el entrenamiento con una persona como Zidane. Siempre me transmite tranquilidad, me habla de la confianza en uno mismo, de tenerse fe y de que no se trata de estar demostrando pruebas a diario, sino de demostrar lo que uno sabe, lo que va aprendiendo todos los días.

La temporada de Real Madrid no fue la mejor, pero paradójicamente para vos fue buenísima porque es el año que más jugaste.

Si ganás en lo grupal, ganás también en lo personal, y si perdés en lo grupal también perdés en lo personal. Pero hay que ver siempre el lado positivo, sacar el fruto de lo que se aprende durante el año. Desde que llegué me han dado respaldo y un lugar en el grupo, y eso es importante.